26 octubre, 2015

¿Dónde está tu miedo?



Absorta en el claro oscuro de sus reflejos, le pregunté al gélido azul, en su capricho, cuántas almas no dejó esta vez arribar en tierras escocesas. Extensas tierras de cultivo. Pastos verdes y húmedos, salpicados de pequeños bosques domesticados a una hermosa perfección que se me antoja casi irreal. 

No puedo imaginar cuál efímera puede ser su vida. Miro a sus ojos y sólo veo una pequeña espera, una pausa en la brevedad del tiempo. No llega ni a los cinco gramos. Aún así, el Mar del Norte no le detuvo.


Tan poca es nuestra fe en aquellos que nos parecen pequeños, frágiles, indefensos. Tan mínima, que los antiguos pensaban que los reyezuelos llegaban desde el continente subidos a la espalda de las becadas. Pero la fortaleza va más allá de las apariencias. El coraje y la determinación de enfrentarse a una inmensidad puede también encontrarse dentro de algo tan diminuto.

¿Dónde está tu miedo? Quién se enfrentó al abismo, quién miró la helada profundidad del océano, qué puede temer. Si solo le queda vivir, amando el nuevo día, formando parte del agudo pero tenue sonido de las acículas del bosque. Duendecillos que son casi invisibles. 

¿Dónde está mi miedo? Quién nada tenía que perder, quién solo quería dejar su pasado atrás, qué puede temer. El peso de "lo que pudo ser  y no fue" casi me arrastra al vacío abisal del conformismo. No nos engañemos, no fue la razón, mi fuerza fue el amor. Por ellas. Y otro tipo de mar tampoco pudo conmigo.  

Inmersa en esta hermosa perfección casi irreal, me enamoré de sus ojos. Su azul no es el del mar glacial. Su azul es claro, celeste, como una mañana pálida y limpia, aún fría. Un azul que tiño cada día de rojos y dorados de un sol mediterráneo. Calor y pasión colorean la serenidad. Radiante unión que purificó mi mente y aletargó mi corazón.

Trivial, vacío, superfluo. Son palabras que resuenan entre mis pensamientos. Granos de arena que pretenden ser montañas. Quiero seguir mirando sus ojos, verme en ellos, mi ínfimo reflejo de algo tan insignificante como un humano más entre siete mil millones. 

Me arrojé al pozo de mis miedos y mi pregunta tuvo una inesperada respuesta.

Los reyezuelos no necesitan de becadas. 




7 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Muchas gracias, Mikel. Un placer que te guste.

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  2. Gracias de nuevo Carmen,

    Teresa Andrés

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    1. Muchas gracias a ti Teresa por leerme
      Un beso enorme

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  3. Sensibilidad al alcance de pocos, ¡me encantó! ¡Gracias por compartirlo Carmen!

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    1. Muchas gracias, Víctor. Un placer saber de ti de nuevo! Mucha suerte en tu negocio.

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  4. Hermosa descripciòn del acceso que tienes a estas bellezas!! Gracias por transmitirlo!!

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